Zona degenerada

El Telégrafo me ha vuelto a sorprender. En serio. No lo resisto, transcribo el artículo por completo, es que no tiene desperdicio.

Pastores de Pueblos

FRANCISCO ARELLANO RAFFO

arellanoraffo@hotmail.com

El que anhele ejercer su vocación de pastor de almas, sin importar la religión que profese, debe solicitar ser aceptado en una casa de formación, y sólo después de una adecuada preparación de muchos años, con rigurosos estudios dirigidos por venerables maestros, puede alcanzar la correspondiente autorización que le permita vivir conforme al llamamiento.

Para los pastores de pueblos, no existen casas de formación por la sencilla razón de que ellos llevan esa marca en el alma y son forjados en el silencio de las cumbres solitarias, siempre envueltos con la purísima virginidad de aromas espirituosos que los protegen de todo mal, sin importarles que cuando empezaron a lanzar sus primeros destellos de grandes y únicos, fueron pocos los que los reconocieron como tales. Pero sí demuestran grande iracundia por los grupos de poder que transmiten conceptos errados respecto de la esencia que individualiza al conductor de pueblos, pues odian y temen al tambor que marca el paso de la nación hacia mejores días.

A esos lagartos sonámbulos, preocupados solamente de tragar y tragar, les molesta todo lo humano que demuestren tener los caudillos populares, y malvadamente pretenden exigirles que no sean seres de carne y hueso sino mudas y frías estatuas, como las de tantos mediocres que observamos por doquier. Son incapaces de entender que muchas de esas estatuas se erigieron exclusivamente para que sobre ellas se posen y defequen las ingratas palomas.

La Historia, sabia consejera, tiene el encargo de resarcirlos siempre, porque generalmente los líderes no tienen junto a ellos, en el momento que toman decisiones controvertidas, a alguien que pueda dar testimonio desde el lado justo. En cambio, siempre hay muchos dispuestos a condenar y sobredimensionar sus aparentes errores. Y, oh cruel sorpresa, en este grupo están, en primera línea, quienes estuvieron al inicio y se apartaron por inercia. Como la grasa y la suciedad que no sirven y por ello se desbordan de la caldera, queda y vergonzosamente, cuando comienza a hervir el hueso carnudo que da sustento a la sopa.

Entiendan de una vez, burdos payasos, afiebrados mercaderes, y tardos aprendices de políticos, que Ecuador es un país de contrastes y extremos, en el que cada cien o doscientos años aparecen hombres maravillosos que marcan hitos en las letras, el arte, la política y el deporte. Que no guardan relación alguna con nadie del pasado, ni tienen compañeros o seguidores que tomen su posta, porque son únicos. Como los rayos que aparecen de repente precedidos por el fulgor del relámpago y que después de haber caído siguen aturdiendo los sentidos.

Rafael Vicente Correa Delgado es hoy por hoy, de manera indiscutible, el caudillo que las grandes masas ecuatorianas estaban aguardando. El pastor de pueblo que no se adelantó ni tampoco llegó tarde. Apareció en el justo momento de luchar por la institucionalidad del país y por el reconocimiento a nuestra soberanía, después de haber padecido con desgobiernos salvajes, corruptos y antipopulares.


Cuando alguien se autocaricaturiza de manera tan fulminante, prácticamente sobra cualquier comentario. Pero en fin, algo habría que decir. En primer lugar, en representación de todo "el pueblo" al que se supone haste un humilde residente inmigrante puede aspirar a pertenecer, le doy las gracias por ser el primero en percatarse de nuestra condición de rebaño de ovejas desprovistas de criterio propio y necesitadas de un pastor que nos guíe, que nos enseñe el camino hacia ese esplendoroso futuro, esos "mejores días" que con nuestro propio esfuerzo nunca podremos alcanzar. Y le agradezco también el haber señalado con tanta claridad, cual Juan Bautista redivivo y diezmero, la esencia a la vez sobrecogedoramente humana y también mesiánica y angélica de nuestro caudillo, de nuestro Führer, de ese líder grande y único que durante tantos siglos y travesías por el desierto del neoliberalismo fielmente aguardábamos, ese ser elegido, protegido contra todo mal por la purísima virginidad de aromas espirituosos (los guardaespaldas y séquitos de policías armados son sólo para despistar), forjado en el silencio de las cumbres solitarias (o de los cursos de Economía universitarios, poco importa) y contran quien los únicos que osan alzar la voz son lagartos sonámbulos a la vez que alcohólicos y payasos y afiebrados mercaderes, imagínense.

Le agradezco, asimismo, el haber rescatado la voz "caudillo" de ese largo e inmerecido oprobio en que languidecía desde hacía medio siglo, y aguardo con interés sus doctas aclaraciones sobre el papel histórico tan injustamente infravalorado de otros "pastores de pueblos", igualmente forjados en el silencio de las cumbres, etcétera, como Pol Pot, Mussolini, Stalin, Trujillo, o desde luego ese Caudillo por antonomasia y tocayo suyo, el excelentísimo General Franco Bahamonde.

Pero más que nada, le doy las gracias por hundir la poca credibilidad que pudiera haberle quedado a El Telégrafo de modo tan contundente e irrescatable. Ahora, si alguien pretende hacerte creer que El Telégrafo merece otro lugar que colgado en la pared del retrete, o que un "medio público" puede ser otra cosa en este país que una obscena pasarela de chupavergas y lameculos aspirantes a sinecuras con sobrecuota de tetonas, ensénale este artículo y disfruta de su repentino tartamudeo. Y es que lo que hace aquí el Señor Arellano, o mejor dicho lo que intenta hacer (le falta todavía algo de puntería) le acarrearía evidentemente expulsión inmediata del Malecón, por constituirse en espectáculo indecente en zona regenerada, y no digo más.

Comments

  1. Magistral... jaja. Ya cabrea el juntaletras ese... Saludos

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