SIEMPRE FIDEOS

Es la traducción de un grafitti visto en el pueblo de Matadepera, que para la ciudad catalana de Terrassa le hace las veces de Vía Samborondón. El original, escrito en catalán e indescifrable desde luego para cualquier lego que no disponga de mis avanzados conocimientos lingüísticos, rezaba así: SEMPRE FIDEOS. A su vez, ésta era la alteración alevosa de una leyenda anterior, que decía: SEMPRE FIDELS (siempre fieles). El grafitero original no quiso o no pudo, por lo visto, especificar a qué cosa o a qué persona correspondía tal admirable fidelidad plural. Sospecho, por la ubicación, que se trataba de una declaración de lealtad a la causa del nacionalismo catalán, pero puedo equivocarme. En todo caso, me parece irrelevante. Lo destacable es el genio de ese artista de las palabras que supo ver a través de la abstracción de la fidelidad eterna, su correlativo objetivo, que diría Eliot, bajo la forma de un plato de fideos servido en la misma mesa a la misma hora día tras día per saecula saeculorum. Y es que ese arte para enmendar y mejorar letreros públicos es una muestra de lo castizo que parece estar en declive últimamente. Algunos recordarán ese anuncio que iba encima de las puertas del metro madrileño en tiempos del franquismo tardío:

EN BENEFICIO DE TODOS ENTRE Y SALGA RÁPIDAMENTE. NO OBSTRUYAN LAS PUERTAS

el cual, habitualmente, lucía mejorado de la siguiente manera:

EL PENE DE TODOS ENTRE Y SALGA RÁPIDAMENTE. NO HUYAN LAS PUTAS

mensaje que, evidentemente, manifiesta mayor vocación didáctica, mayor realismo y mayor capacidad de captar la atención del viajero. Lo que da verdadera pena es que el autor anónimo de esta enmienda no esté trabajando ahora para el gobierno ecuatoriano en esa oscura campaña contra la falta de reacción del país contra no se sabe bien qué actitud de desidia antibotánica. De lo que estoy seguro es que, si todavía vive, es alguien en el mundo del márketing. Faltaría más.

A mí, personalmente, los fideos me gustan. Como muchos fideos. Soy de los que encuentran en el hambre perruna poco material de goce, y entonces me las arreglo para matarla cuanto antes, sin ceremonias (la teoría femenina de que este rasgo sicológico es extensible a una actitud hacia el sexo: wrong, o como mucho half right) con la artillería más pesada que encuentro, que suele ser algo de costo barato, de preparación fácil y alto en carbohidratos. No tengo nada en contra de los fideos, vaya. Pero aun así, "siempre fideos" me suena a sentencia de juez implacable. Suena a algún recinto del infierno (tal vez un suburbio tipo Matadepera o Majadahonda del tercer círculo dantesco). Por eso llama la atención el que la progresía de este país (y parte del extranjero) siga tan empeñada, día tras día, en su fidelidad hacia los fideos, o lo que da un poco lo mismo, que sigan fieles con sus Fideles.

A lo que ustedes me contestan: no fueran progresía si no fueran así. Y es cierto. Pero aun así, sorprende la perfecta coordenación, la impecable coreografía a lo Busby Berkeley que demuestra la progresía de este país en la reiteración de lugares comunes y el solemne rechazo a cualquier atisbo de dialéctica o de sentido común: una coordenación que sugiere que aun en esos tiempos cuando los neoliberales con sus pequeños cerebros todavía dominaban la tierra, ellos, silenciosamente, se estaban organizando, se estaban viendo en pequeños cafeterías quiteñas, estaban intercambiando panfletos, consejos sobre Flores de Bach y recetas de quiche Lorraine. De otra manera, no me explico cómo puede haber surgido perfectamente formada, de la noche al día, una clase social tan herméticamente cerrada a la realidad, tan apegada a la ortodoxia biempensante, tan notablemente asustada ante la posibilidad de pensar por cuenta propia, sin garantía de retroalimentación social ni de validación sonora en la forma de añejas canciones protesta. Porque, admitámoslo, hay que tener bien puesto el casco de realidad virtual, bien sellada la burbuja, para a estas alturas seguir echándole flores a un viejo y anacrónico dictador que se ha mostrado tan carente de vergüenza y de urbana modernidad como para declarar heredero a su propio hermano. Hasta el mismísimo General Franco no tuvo cara para intentar que la dictadura quede en familia, sino que se aprovechó astutamente de una realeza ya existente y con ciertas pretensiones históricas para sellar la sucesión. Pero ahí viene el Padre Pierre, con sus sinuosas lisonjas a la tiranía y a la brutalidad:

Reapareció públicamente Fidel Castro por sus 84 años, aunque no desapareció nunca. Y sigue llenando páginas de periódicos y pantallas de televisión. Habla, escribe, protesta, denuncia, orienta desde su alma revolucionaria. Los años no han borrado sus visiones proféticas sobre los males que proyecta internacionalmente el sistema neoliberal.

Que hable y escriba me parece muy bien, sobre todo a su edad. Que proteste y denuncie, tiene todo el derecho (lástima que tal derecho no lo tienen el resto de los habitantes de su país). Que "oriente", bueno, orientar por oprimir, son maneras de hablar. Pero eso del "alma revolucionaria", es de esas frases que revelan tamaña falta de honestidad como para desaconsejarle a cualquiera la carrera de escritor. Si Fidel es "revolucionario", también lo serán esos policías que la semana pasada golpearon a un ciudadano que, tras ser víctima de un robo en la Perimetral, estuvo esperando una hora la llegada de las fuerzas del orden, con la ingenua esperanza de que esos señores le ayudarían. Cuando escuché esa noticia, confieso que me reí a carcajadas: no por malicia, sino por amarga solidaridad. Pensaba que ese tipo de ironías sólo me pasaban a mí, eso de que te asaltan, llamas a la policía y vienen, finalmente, eso sí, pero sólo para propinarte, sin mediar palabra, otra golpiza. En fin, la cuestión es que la historia de Cuba es así: te sale un dictador ladrón, llamas a la guerrilla para que te lo solucione, con la ingenua esperanza de ser liberados, y al final viene un tipo siniestro con barba, mata a tu familia por sospechosos de contrarrevolucionarios, y se erige en nuevo dictador, y para más inri, de un país que para no someterse a los antojos del imperio yanqui, pasa a ser súbdito de otro imperio con otras siglas pero con la misma malsana fascinación por los misiles de largo alcance (y que ni siquiera muestra mucho talento para la supervivencia que digamos). Todo lo cual, sin duda, sería más soportable si no fuera por la existencia de esos intelectuales de sobremesa, esparcidos por el mundo, que con su inefable paternalismo consideran que a ti, como mero cubano, te basta y te sobra lo que a ellos no les sirve. Para un Padre Pedro Pierre, ahí sí, es importante vivir en democracia, y no en cualquier democracia sino en algo así:

Siempre hemos sido acostumbrados a que nos gobiernen desde arriba, cuando la democracia es gobernar desde abajo. Pienso que ese es el desafío del Ecuador en estos momentos: aprender a gobernarnos desde abajo, desde los distintos grupos sociales organizados.
A lo que uno se pregunta: ¿por qué esta solución, tan válida para Ecuador, no lo sería para Cuba, que tengan ellos también la posibilidad de "gobernar desde abajo", en lugar que tener que someterse a los caprichos de un viejo sátrapa tan trasnochado y acomplejado que hasta considera que el ser homosexual es una conducta criminal merecedora de cárcel? En otro lugar, el mismo cura se apresura a contarnos que la decisión de un amigo por abandonar su Ecuador natal para ir a EEUU a trabajar, pese a no gozar de su aprobación, merece su respeto, y acota: "cada uno decide en el íntimo de su conciencia". Qué pena que los cubanos no pueden decidir cada uno, "en lo íntimo de su conciencia", si mejor les sirve irse o quedarse. Qué pena que esa tolerancia y ese respeto de que se jacta nuestro curita a título personal no sean compartidos por ese tirano que él felicita y adula.

Y antes de seguir con el pasmo de Pierre ante el Siempre-Fidelismo, ¿qué es ese sistema neoliberal que internacionalmente proyecta tantos males, según ese profeta deuterocanónico que resulta ser Fidel Castro? Dudo mucho de que el bueno del Padre Pierre sepa contestar más allá de los infantilismos piadosos de rigor, eso de que ser neo es privilegiar "el dinero por encima de las personas", etcétera. Anotemos de paso que, al igual que en los años sesenta la juventud revolucionaria saldaba su ignorancia de política, economía e historia con cómodas referencias al sistema, entendido como el conjunto de cosas que no les gustaban, desde la Guerra de Vietnam hasta el último sencillo de Engelbert Humperdinck, tal ha sido la suerte del vocablo neoliberal por estos lares, palabra sin apenas solvencia académica y valor descriptivo claro, que ahora sirve igualmente para denotar personas, actitudes, regimenes económicos, políticas de gobierno, medios de comunicación, países enteros, y hasta (en los escritos de la Buenaño) una cultura, sin por ello llegar a significar aparentemente más que "incompatible con mi idea personal de lo que debe ser una sociedad perfecta, idea al cual todo el mundo tiene desde luego el deber de someterse". Ahora, le ha tocado al buen Padre mostrar de lo que es capaz uniendo esas dos entelequías en una sola. El sistema neoliberal, causa de todos los males. Ahora sí, los estudiosos en política y economía podrán por fin dormir tranquilos. Prosigamos.

Con sus defectos y errores, Cuba sigue siendo la referencia latinoamericana.
Si eso fuera verdad, ay del futuro de la pobre Latinoamérica. Pero mejor digamos: Cuba sigue siendo la referencia obligada de los nostálgicos izquierdistas que no quieren reconocer el fracaso de su ideología a nivel mundial.

Por otra parte, es curioso, y creo que aquí le traiciona el subconsciente al Padre Pierre, eso de que Cuba, un país, puede tener "defectos y errores". ¿Un país con defectos? Creo que se ha de entender: con los defectos y errores de su gobierno... pero al Padre Pierre le tiembla la mano a la hora de atribuirle defectos a su amado dictador, así que mejor atribuyámoslos al pueblo, que sí aguanta todo.

Claro que molesta a los empresarios cuyo lucro es la primera finalidad de sus esfuerzos. Molesta a los vendepatria cuyos intereses financieros son siempre primeros. Molesta a los que buscan el poder para construirse una figura de papel. Molesta a los terratenientes que prefieren la acumulación de tierra a una producción autogestionada. Molesta a los medios de comunicación que entierran la verdad debajo de las coimas de los banqueros corruptos. Molesta a los izquierdistas de escritorio que sueñan de revolución en sillones forrados.
Francamente, no creo que la existencia de un país llamado "Cuba" moleste en especial a ninguno de esos personajes (o bestias fabulosos, en algunos casos: todavía, tras varios años de machacona retórica gubernamental, no nos han podido revelar detalle alguno de ese misterioso "medio de comunicación" que recibe "coimas" de "banqueros corruptos"). Lo que sí puede molestar es el hecho de que tal país siga siendo una dictadura. Vamos, hasta a mí eso me molesta, y yo lo único que tengo de banquero es el haber dormido muchas veces encima de un banco, cuando no había cama. ¿Por qué me ha de molestar? Pues por eso de homo sum, et nihil humanum: me molesta que hasta las pocas libertades de que he podido disfrutar en esta misérrima vida, a otras personas les sean negadas por desalmados hijos de puta como ese Coma Andante barbudo que ahora nos ocupa. Así que descalificar a todas las personas así "molestas", insinuando que tal molestia nace de viles intereses egoistas u otras carencias personales (y es bien aleccionador ver cómo el buen Padre se regodea en buscar todo tipo y tamaño de mota imaginable en ojos ajenos) no es más que demagogia de la peor especie, que bajo la pluma de un Arellano Raffo no me sorprendería en absoluto, pero de un presunto representante de la Iglesia, confieso que un poco sí.

Molesta a los creyentes que esperan un cielo inexistente y claman a un dios en las nubes. Molesta a todos los que prefieren su comodidad individualista a una vida digna, libre y fraterna.
Ajá. El Padre Pierre no es creyente: el "cielo" que predica su Iglesia es "inexistente". Me pregunto cuántas doctrinas católicas más se esfuman bajo su perspicaz y penetrante mirada. Se supone rescatable por lo menos todo lo que tiene que ver con la autoridad del sacerdote y su putativa paternidad universal, lo cual es afortunado pues sin ese morbo derivado de la combinación de su vocación y su línea política, es dudoso que un generador de vaciedades biempensantes como éste llegara a publicarse en algún sitio.

Les ahorro un par de párrafos de adulación, para pasar a éste, bien curioso:

Olvidamos los cristianos que la liberación de Egipto se gestó en el asesinato de los primeros nacidos de cada familia egipcia. Olvidamos que la conquista fue vista como un regalo de Dios gracias a la violencia de las guerras y matanzas de la mayoría de las poblaciones vencidas. Olvidamos la guerrilla de los Macabeos que no aceptaron la dominación militar, cultural y religiosa del invasor griego. Así se constituyó el pueblo de Jesús que él vino a purificar. La primera violencia es la de la miseria y de la esclavitud organizadas en sistema de dominación.

A ver si leo correctamente. El Padre Pierre reprende a otros miembros de su religión por su falta de entusiasmo hacia... ¿el asesinato? Si el propio Yahveh no tuvo miramientos a la hora de asesinar a inocentes egipcios, ¿cómo es posible que nosotros los cristianos, seguidores e imitadores suyos, seamos tan tiquismiquis a la hora de segar vidas humanas? Ese Fidel sí que tuvo un buen par de cojones cuando se trataba de fusilar a sospechosos traidores, y a la hora de encarcelar y torturar a opositores de su regimen... matar, hermanos míos, sí es cosa de Dios, y por tanto cosa nuestra. Toda violencia es buena, con tal de que se pueda justificar como respuesta ante la miseria y ante los "sistemas de dominación". ... Con lo cual, colijo que el hecho de que el mismo Padre Pierre vive una vida bien tranquila (aunque sin sillas forradas) en el Ecuador, en lugar de ir a pelearse contra la dominación imperialista en algún lugar del mundo que disponga de auténticos guerrilleros, sólo es achacable a la disciplina de la vocación eclesiástica. Si no, él sería el primero en agarrar un fusil y defender con su sangre a los pobres, que por cierto, no se lo pedimos, pero tales detalles ante un alma revolucionaria son simples nimiedades.

¿Cuándo, en nombre de alguna fe cristiana o de un humanismo digno de este nombre, estaremos capaces de dar la vida por más vida, de poner nuestra inteligencia al servicio de un proyecto político verdaderamente socialista, de formar nuestra voluntad de tal manera que no desviemos el camino, de entregar nuestro corazón por la causa de los pobres que no aceptan vivir de rodillas, de celebrar una fe que descubre en estos logros la presencia de Jesús resucitado y los avances del Reino de Dios?
Es curioso, pero yo, que tuve una educación católica de niño, no recuerdo como parte de la fe cristiana eso de "dar la vida por más vida", en el sentido aquí expuesto de sacrificar la vida ajena en beneficio de la tuya propia. El pobre Pierre puede que no se dé cuenta, pero realmente, eso de arengar a los lectores para que "den su vida", cuando la tuya no tienes intención alguna de darla, o por lo menos recomendar la postración y el embelesamiento ante un tirano que, como buen modelo de rol, sacrificó un sinnúmero de vidas inocentes en el altar de su propia vanidad, realmente poco tiene que ver con ningún humanismo, peor que sea "digno de ese nombre". Esta confusión suya me remite a una cita memorable que saca a relucir hoy, en el mismo Telégrafo, otro columnista, de Ernesto Sábato:

"El pueblo de hoy no es esa fresca y virginal fuente de toda sabiduría y de toda belleza que imagina ciertos estéticos del populismo, sino el alumnado de una pésima universidad, envenenado por el folletín de la historieta o la fotonovela, por un cine para oficinistas y por una retórica para chicas semianalfabetas y cursis."
A lo que sólo faltaría añadir: el pueblo de hoy, ayer, y de siempre. Y cuando el Padre Pierre se despierte del chuchaqui de su idealización del "pueblo", de los "movimientos sociales", de su infantil humanismo al estilo del Autodidacte de Sartre, ése de extasiarse por la nobleza y la dignidad de los sufridos trabajadores desposeídos y por su excitante capacidad de violencia redentora: cuando se reponga de su malsana y muy latina fascinación por los hombres fuertes y brutales, por los Mesías de las Nuevas Ordenes Sociales, que si acaparan el poder y nos sumen en la miseria lo hacen en nombre nuestro y por nuestro bien, entonces (pero no aguanto la respiración) se dará cuenta de que, todo este rato, lo que pedíamos los pobres y desposeídos no era que "nos muestren otro camino, otro vivir, otra sociedad posible" (en la que, convenientemente, se encarcela a todos los que cuestionan ese otro vivir, aunque lo hagan cortésmente con el simple argumento de que ese otro vivir no da ni para cubrir la mesa), sino que nos dejen en paz de una puta vez para poder ejercer nuestra capacidad de decisión individual al respecto de cómo enfrentar nuestra situación de pobreza: por ejemplo, eligiendo un gobierno que nos represente mejor que el actual, o viajando libremente a otro país donde tendremos mayores posibilidades de progresar. El propio Pierre, en otro sitio, cita a unos obispos latinoamericanos "reunidos en Medellín" al respecto de tal progreso:

"La tarea de educación de estos hermanos nuestros –los marginados de toda clase– no consiste propiamente en incorporarlos a las estructuras culturales que existen en torno de ellos, y que pueden ser también opresoras, sino en algo mucho más profundo. Consiste en capacitarlos para que ellos mismos, como autores de su propio progreso, desarrollen de una manera creativa y original un mundo cultural, acorde con su propia riqueza y que sea fruto de sus propios esfuerzos."
A lo que, desde una perspectiva liberal, no hay nada que objetar, salvo esa amenazadora palabra "capacitar". Que la Iglesia sea la más indicada para "capacitar" a quien sea sobre el "progreso" ya resulta chistoso: que nos "capacite" para depender de nuestros propios esfuerzos, mientras sus dignatarios detentan una historia secular de depender de los esfuerzos ajenos para su propia subsistencia, ya roza el sarcasmo. Pero la cuestión es que aquí hay doble discurso flagrante. Estamos con los pobres, pero no con ellos, sino encima de ellos, capacitándoles. Apoyamos su lucha para progresar materialmente, pero en el momento que tienen éxito en tal empeño, denunciamos su "materialismo" como signo de egoismo. Mientras sigan siendo pobres, validan nuestro esfuerzo, nuestras ganas de "protagonismo" (en serio): denunciamos la pobreza pero dependemos de ella para ganar reclutas al "Reino de Dios". Estamos con los pobres, pero los despreciamos como no tienes idea. Lo que amerita nuestra admiración más desvertebrada son los portadores de botas lustradas que andan sobre sus cuellos... siempre que anden con fatigas militares y digan que son de izquierdas.

Yo como muchos fideos... pero prefiero poder decidir, cada día, comer fideos u otra cosa. No que me digan que comer fideos es ser digno y solidario, y comer cazuela, en cambio, es ser cómodo, egoista e individualista. Puede ser, pero si es así, prefiero poder descubrirlo yo. Que me solucionen la vida de antemano, aunque lo hagan algún día de verdad y no sólo ante las cámaras de reporteros progres, no me vale, cuando veo que otros solucionan su propia vida y algunos lo hacen con gracia y con garbo. Matar el hambre, lo intento hacer las veces que puedo, pero esa hambre que mato es mía, no la de otros que tal vez prefieren tenerla para matarla ellos mismos a su propio ritmo, hasta comiendo una insípida ensalada verde de primera. ¿Por qué resulta esto tan difícil de entender?


"Si al menos fuéramos más libres. Si todas esas necesidades materiales no se plasmaran también en una larga cadena que hace a cada ciudadano un siervo del Estado. Si la condición de humildes fuera una elección voluntariamente asumida y especialmente practicada por quienes nos gobiernan. Pero no. La renovada exaltación de la humildad lanzada por Raúl Castro este primero de enero nos confirma lo aprendido en décadas de crisis económica: que la pobreza es un camino que lleva a la obediencia."


- Yoani Sánchez

Comments

  1. Aplausos!

    Otra vez he disfrutado de esta sagaz y aguda inteligencia. Una entrada que entremezcla exquisitamente la sátira con la denuncia de estos nuevos pleonasmos de redentores y sus fimóticas mentes.

    Le he enviado una carta a esta oveja descarriada de la Fe Católica y en ella, sin darme mucho cuenta, le digo algo similar a lo que tu has dicho. Debo reconocer que la gracia de tu prosa es superior. Yo soy lego y neófito en cuestiones de letras.

    De cualquier modo, he disfrutado mucho leerte de nuevo mi desconocido amigo.

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  2. Y estoy seguro que estos adoradores de Fidel, han de creer que Yoani Sánchez es una invención del capitalismo para desacreditar la gran obra de taita Fidel y su coro celestial.

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