Freedom Is Slavery

Hay palabras que de por sí resultan codiciables. Hace poco, en un cursillo al cual asistí preguntaron cual era la palabra (inglesa) favorita de cada uno: me lo tuve que pensar para al final quedarme con buxom. (El que haya escogido un adjetivo, por supuesto me delata como títere de la prensa corrupta de este país, secularmente adjetivizadora a decir de sus críticos). Constatación curiosa, a este respecto, el que un socialista (incluso más de uno), por mucho que quisiera no puede evadirse del todo del canto de sirena de esa escurridiza y traicionera palabra libertad, a pesar de los múltiples dolores de cabeza que les trae. Y es que hay que reconocer que por mucho pan y circo que nos concedan dadivosamente al pueblo bruto, todavía, no se sabe si por obra y oficio de ese demonio Ortiz, o como chuchaqui pestilente de esa larga noche neo, o por cualquier otra razón, esa idea de ser libre y poder actuar con autonomía todavía vende. Incluso hay una marca de cerveza (I use the term loosely) que en su publicidad nos presenta a una serie de personas que pese a su aparente similitud (todos demuestran la misma pasmosa falta de criterio y buen gusto en su elección de bebida) resultan (ahí están los textos delatores) tener cada una su propia individualidad, manifiesta, entre otras cosas, en su régimen conyugal (“somos amigos con derecho”, “mi pelada es 7 años mayor”, etc.); los anuncios nos invitan a celebrar la diversidad humana oculta bajo esa apariencia de jóvenes borregos chupones víctimas del marqueteo de alto presupuesto. Y si vende aquello de “bebe este orín de camello y descubrirás que eres único, igual que los demás”, pues ni cortos ni perezosos, los adalides del S.S. XXI acuden en tropel para decirnos que a ellos también, les encanta eso de la libertad y la individualidad, sí, en serio, quisieran que todos fuéramos más libres y es precisamente por eso que hay que cerrar diarios, prohibir series de televisión, insultar y amenazar a opositores, o intentar por todos los medios que la gente no pueda comprar aquello que quisieran, sea porque los aranceles no lo permiten, sea porque hay una nueva ley dedicada al tema. Y a propósito de esto:

Ya conté en su momento mi estupor al descubrir que, sin que haya suscitado apenas discusión, han puesto una ley, un mandato, qué sé yo, que prohíbe que vendan tanques de gas a personas que acudan a comprar en carro, es decir, a toda persona que no viva al lado del vendedor, ni que sea un Hércules, ni que disponga de un carrito especialmente adecuado para tal propósito. El por qué de esa ley, no alcanzo ni a adivinarlo: me parece francamente surreal, tan surreal como aquella otra que prohíbe que la gente ponga películas protectoras en las ventanas de su carro. Pues ahora, para que no salga de mi asombro, resulta que han dispuesto que tampoco se pueda comprar medicamentos contra el dolor en las farmacias. En serio. El asunto es que hace tiempo que tengo múltiples caries, y las veces que he tenido plata para ir al dentista me ha ofrecido la disyuntiva de extraer las muelas en cuestión o hacer un tratamiento de endodoncia largo y costoso, el cual me seduce (ya no me quedan demasiadas muelas) pero como ambición a largo plazo, ya que ahora no tengo con qué pagar dicho tratamiento ($120). Entonces me he acostumbrado a aguantar los dolores, bien que mal, mientras rezo para que un día mi trabajo dé fruto y tenga plata para comprarle zapatos a mi hijo, y con lo que me sobra hacerme ver los dientes. Dentro de este cuadro, es importante tener ibuprofeno a mano. Con el ibuprofeno, puedo ir más o menos tirando. Pues ahora, cortesía de Correa y de su Ministra de Salud, y con el absurdo e insultante pretexto de “evitar que la gente se automedique dolosamente contra la gripe porcina”, han dispuesto que ni el ibuprofeno se puede vender sin receta médica. Lastimosamente, se les olvidó disponer que se pueda ver un médico y conseguir tal receta sin pagar. Con lo cual, lo único que consiguen es que la gente pobre como yo, pasemos noches de dolor sin poder siquiera aliviarlo con un simple medicamento totalmente inofensivo. Y todavía quisieran hacer creer que los anticorreistas “comamos cuento”, que toda nuestra animadversión hacia este gobierno totalitario (a estas alturas, el epíteto ya no suena a exageración) nace de las manipulaciones de la prensa, como si en la vida diaria no nos estuviéramos ya topando veinte veces al día con el sinfín de absurdas leyes, de prohibiciones, de burdas manipulaciones, de propaganda insultante e infantil, de injerencias del Estado en la vida privada, como si escaparse del halitosis presidencial fuera una simple cuestión de no comprar el periódico y listos.

Bah.

En fin, lo que tienen en común todas estas medidas, es que dan por supuesto que el país está conformado por una gran mayoría de imbéciles, sin criterio propio, incapaces siquiera de obrar en pro de su beneficio individual, mientras que el gobierno, por su parte, sí tiene inteligencia, voluntad y capacidad para procurar y disponer el “bien común”. Es decir, tenemos una sociedad dividida esencialmente en dos castas: la casta gobernante, que nos protege contra nosotros mismos, multándonos si cruzamos la calle en el lugar incorrecto, o impidiendo que nos envenenemos con fármacos poco adecuados, y el sumiso y sufrido pueblo, al que la única autonomía que se le concede es el derecho de votar cada 4 años, eso sí, por los “buenos”, los que nos van a solucionar la vida a todos. Esa es la visión socialista, tan bien disecada por Orwell en 1984: el Partido representa la humanidad: los proletarios (“proles”) somos simples animales, que sólo necesitamos que se nos presente un enemigo común (Eurasia, Eastasia, el mítico Goldstein, o trasladado al ámbito nacional, el imperio yanqui, la traicionera Colombia, y la mítica oligarquía pelucona que nos intenta manipular a través de la prensa corrupta) para que con ese cuento nos distraigamos y nos olvidemos de quienes en realidad nos controlan hasta el más mínimo detalle de nuestra vida, hasta determinar cuáles medicamentos podemos comprar o dónde podemos cruzar la calle.

Evidentemente, resulta todo un sarcasmo que luego esa gente nos venga a arengar sobre la libertad. Por su parte, hasta el mismo Correa se limita a señalar el supuesto “doble discurso” de quienes se quejan de la bota del opresor puesta sobre su cuello, y sin embargo dan, ellos mismos, desesperadas y patéticas pataletas a pie descalzo; a partir de ahí, ya no se atreve a hablar de libertad; algún sentido vestigial del ridículo le salva. Pero donde los ángeles temen pisar, ahí está Xavier Flores, a quien el tenue fulgor de esa palabra “libertad” le atrae como reloj al cuervo. Su forma, también muy corvino, de acercarse subrepticia y sigilosamente a la pieza en cuestión, como quien no quiere la cosa, es interesante. Se produce dentro de una discusión sobre liberalismo: él, socialista confeso, evidentemente no se puede identificar como liberal (ser socialista y a la vez liberal, eso fuera como ser Mormón y católico: vaya, una incongruencia perfecta), pero aun así se toma la libertad (ja) de decirnos a los liberales en qué tendríamos que creer, como si ese Mormón dijera que dentro del catolicismo está la corriente “conservadora” que todavía cree en el Papa, mientras que los más iluminados se han dado cuenta que Joseph Smith es el enviado de Dios, eso sí, sin dejar de ser católicos, es más, los católicos que creen en Joseph Smith son los que más honor le dan a su religión. De esa forma, nos recomienda que sin dejar de ser liberales, por supuesto que no, tendríamos que darnos cuenta de que la verdadera libertad se consigue a través de la “redistribución” (es decir, el robo), y que para que esa libertad sea más que un simple enunciado, sino una hermosa realidad, deberíamos apoyar “la creación de un entramado institucional que también contribuya a desarrollarla”.

¿Qué significará libertad para alguien capaz de hablar así, en un momento como el actual, que ni a los Simpsons se nos quiere permitir ver en paz cuando nos dé la gana?

Pocas pistas da al respecto, pero aquí hay una: para él, la “libertad de expresión” es algo que queda como puro enunciado “formal”, sin contenido, a menos que a cada uno se nos dé una tarima y un micrófono. (“usted tiene derecho a la libertad de expresión, pero vea usted como consigue expresarse”, le acusa amargamente al liberalismo “conservador”). Esto no es nada nuevo en Flores: de forma reiterada señala que la democracia depende de un “debate amplio y robusto” entre las diferentes tendencias políticas, a las que se les debe de garantizar un espacio en los “medios de comunicación social”; ahora resulta que tener ese espacio es un derecho de todos, aunque no estemos en campaña. Lo que evita de decir es que ese modo de concebir las libertades es, en su esencia, elitista, pues presupone que sólo un pequeño grupo de, digamos, intelectuales, haga uso y ejercicio de esa libertad teórica de expresarse a través de los “medios de comunicación social”; evidentemente, en un país de 13 millones de habitantes, si todos ellos simultáneamente hicieran uso de su derecho de publicar un artículo de opinión en El Universo o El Telégrafo, tendríamos que importar tanto papel que con los ingresos del nuevo impuesto el Presidente se hiciera Sultán de Brunei y las selvas de Brasil luciesen calvas. Seamos sensatos: no se puede garantizar que cada persona por separado tenga un espacio de expresión en los medios, sean televisivas o impresas, a menos que uno presuponga que solamente a unos cuantos realmente les interese aprovechar esa posibilidad. Otra vez estamos, entonces, con esa visión de un país de brutos analfabetos liderado por una casta de privilegiados: para estos últimos los derechos, incluido el de expresión, y para los primeros, las obligaciones y las prohibiciones. Así siempre ha sido en los países socialistas: si uno es de los de arriba, puede disfrutar de una agradable velada discutiendo de teorías políticas con el amigo León Febres Cordero de Ecuador, en perfecta “libertad”, mientras que si uno es de los de abajo, por el simple hecho de pedir comida va dos años al Hotel.

En cambio, el liberalismo (el verdadero, no el cobarde que recomienda Flores, el cual exige que se le quite a otros, mediante uniformados, para darme a mí, para que yo tenga una “libertad” económica que nunca me he ganado) sí le reconoce a cada uno el derecho de expresarse… mientras uno mismo se haga cargo de las correspondientes obligaciones, o requisitos, que nacen de ese derecho, es decir la obligación de comprarse el micrófono o la tarima, o el papel, o la conexión, en fin, la obligación de pagar el justo precio por su trabajo a todas esas personas que nos ayudan a difundir nuestro mensaje. Esto nos parece tan obvio como que a cada uno, y no al Estado, nos corresponda limpiarnos el culo después de cagar. En un mercado libre, sea de ideas o de formas de expresión, los que pueden invertir (en dinero, en esfuerzo, en tiempo) y que tienen éxito (son leídos y escuchados) son los que realmente tienen algo que decir: las leyes de la competencia impiden solamente que los mediocres tengan plataforma y micrófono para aburrirnos. (Los que quieren que alguien con micrófono los aburra, también tienen su opción, la de ir a la iglesia). Evidentemente, en un país donde el gobierno acapara las ondas cada hora mediante decretos y amenazas para difundir sus idioteces sobre ese Manuelito imaginario que ahora aprende con pizarra interactiva, ese libre mercado no se da… y por tanto, la calidad tampoco. La mediocridad y el embrutecimiento están servidos.

Y es que en una cosa, o tal vez en dos, sí tiene razón Flores: primero, que el liberalismo, no el de la “redistribución” sino el auténtico, es igualitario en su esencia. No en el sentido de procurar que todo el mundo sea un clon del prójimo (lo cual, eso sí, requeriría “redistribución”, de bienes y tal vez de algo más), sino en el sentido de respetar a toda persona por igual, de reconocer a cada cual los mismos derechos y las mismas posibilidades que uno tiene. En una sociedad de tendencia liberal (nunca han existido sociedades “liberales” por completo, aunque podamos aspirar a que algún día existan) lo que más se nota es el respeto mutuo entres las personas, con independencia de su situación material, todo lo contrario de ese desprecio y esa sorna a los que el gobierno ecuatoriano nos tiene acostumbrados, desde que asumieron “el poder” los mismos que tanto se quejaban por haber supuestamente sufrido esos mismos tratamientos en el pasado. La obsesión por el estatus, el dinero y el rango social, son atributos del envidioso, del temoroso, del cobarde, es decir, del proto-socialista por excelencia, que nunca nos decepciona: al conseguir ese “poder” que tanto añora, lo demuestra parodiando a esos terratenientes y capataces de novelería mejicana que siempre tanto le fascinaron, ahora son ellos las “majestades” que por un simple gesto de irrespeto están clamando por el encarcelamiento del opositor. Por eso, cuando veo que un tal Juan Cuvi, en El Universo de hoy, reclama que “la revolución” le de “más poder” al pueblo, no me hace falta ni leer el artículo para saber que él, otro del mismo gremio, concibe “el poder” como, primero, disponer de más fondos y de mayores tarimas y micrófonos, y segundo, disponer de instrumentos para legislar sobre la vida de otras personas: “poder”, por ejemplo, prohibir que algunos duerman bien con los fármacos que necesitan, o que otros les haga frenar al cruzar la calle, o que otros vean programas que a ellos les parece poco respetuosos con su causa. (En realidad, al leer su biografía resulta que el tipo es fundador de un movimiento terrorista: plus ca change… A propósito, en El Universo parece que necesitan editores: en la p. 11 describen a Hitler como “alemán”. Realmente penoso). En fin, para el liberal, al cual Flores nunca entenderá, “el poder” es un atributo del individuo que lo gana a través de experiencia acumulada y logros, resultados de un emprendimiento individual en el que el Estado nada tiene que decir ni que hacer (un “logro” resultante de una inyección de fondos estatales, o sea, robados, no es tal cosa, sino una superchería), y se ejerce no mediante prohibiciones arbitrarias, ni venganzas meditadas, sino a través de la persuasión y el ejemplo. Y eso sí, recordando que no son siempre “las miserias de su vertiente económica” lo que definen mejor al liberalismo, sino su lado humano y humanista.


Posdata: se ha restaurado me fe en el sentido común de la gente de este país. Cuando fui a comprar ibuprofeno el otro día, ante la negativa de la vendedora de Cruz Azul, me quedé con unas cinco pastillas de Apronax, lo suficiente para poder dormir. Ayer fui de nuevo a comprar Apronax, y me quedé con la sorpresa de que "desde hoy", según la vendedora, no se podía comprar tampoco eso sin receta. Si tuviera complejo de persecución... en fin, por suerte se me ocurrió ir a otra farmacia en la misma calle. Quien me sirvió, un joven alegre, se echó a reir cuando le conté mi dificultad para comprar remedios en la Cruz Azul. "Están locos,", me dijo, "perdiendo clientela por gusto. Aquí sí vendemos lo que quieras". Ahora tengo ibuprofeno para toda la semana. Menos mal que todavía queda gente que no se doblega ante las estupideces del gobierno. Of such is the kingdom of heaven.

Comments

  1. Quark,
    Dependerá de lo que entendamos por calidad. Sinceramente yo creo que los programas de TV pueden llegar a tener muy buena calidad con un modelo privado (está muy berreado pero no podemos dejar de mencionar a Discovery, NatGEO o las series de HBO y Showtime (a mí, particularmente, me gusta mucho DEXTER). Hay audiencia para todo.

    Con respecto a la U, precísamente el mantener artificialmente subvencionadas ciertas disciplinas poco competitivas está generando mediocridad y falta de ingenio. Como decía Milton Friedman: "Puedo dejar el Correo a cargo del Estado y lo máximo que me puede pasar es que se pierda una carta. La educación, sin embargo, es demasiado valiosa como para dejarla en manos del Estado"

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  2. Vislumbro un debate: por favor, traigan robustez.

    Sobre esos profesores "brillantes" que dejan la U. por desengaño ante la apatía de los estudiantes, el tema, pese a mi evidente falta de brillo o de brillantez, me toca de cerca (por lo de los Ornitorrincos del Saber). La respuesta oficial, o de moda, es que por muy brillante que uno sea dentro de su disciplina, si no logra inspirar a sus alumnos, como docente no vale gran cosa. Esa fue el razonamiento que me indujo a dejar atrás un trabajo bien remunerado en los Ornitorrncs del Sbr, cosa que mi mujer nunca me ha perdonado. Yo enseñaba Literatura: la Literatura me encanta, pero ¿a alguien se le contagió mi entusiasmo? A nadie. Fallé. En fin, como respuesta, take it or leave it.

    Sobre el papel del Estado en promover "la cultura" frente al Monstrous Regiment of Laura Bostezzis, mi experiencia en ese tema se puede resumir así:

    Países donde el Estado maneja La Cultura a chequerazo limpio, forzando la emisión de productos "culturales" para satisfacer cuotas ministeriales: resultados penosos. Puedo estar equivocado: cíteme algún logro reconocido de algún Ministerio de Cultura en algún país del mundo, algún talento escondido que habrían ayudado a florecer, algo por el estilo. Estoy tentado a citar Orson Welles, sobre los mil años de amor fraternal en Suiza y su producto cultural, el reloj cucú. Lo que más se ve son bailes regionales, documentales recatados como monjas, mucha nariz marrón. El otro día estaba viendo uno de esos Espacios Culturales en el Canal del Estado acá: un documental sobre China que decía cosas como "todos los chinos reconocen que sin el socialismo no habría progreso". Es la primera vez que en un documental he podido enterarme de los pensamientos secretos de toda la población de un país: im. Presión. Ante.

    Frente a lo cual, hay otro modelo a mi ver preferible: el modelo BBC que el xaflag hace tiempo, en una réplica a mí, propuso como ejemplo positivo de injerencia estatal. La ironía (no me molesté en señalárselo) es que hace tiempo que los gobiernos del Reino hUndido sólo sueñan con quitar a la BBC de en medio: son la mar de incómodos, pues su charter les concede un nivel de independencia editorial inconcebible en un país como Ecuador, y no es infrecuente que lo usen (la BBC fue la bestia negra de Blair, sin ir más lejos). Es decir, existe un modelo de empeño cultural estatal pero blindado contra las injerencias de los poderes fácticos de turno. Es atractivo, pero harto difícil de conseguir.

    Como poeta, estoy resignado ante ese abismo evidente que separa el éxito en términos comerciales de la auténtica calidad literaria: que exista o haya existido alguna vez un poeta que se pueda ganar cómodamente la vida escribiendo sólo poemas, sin patronaje, lo dudo. Sin embargo, el oficio se sigue practicando, a como dé lugar. El éxito a nivel de masas no lo es todo. Creo que precisamente por ser un arte que no genera espectaculares utilidades, conserva su pureza. En otras palabras, el Neruda que me tenía a sus pies era el de las Residencias, (1 y 2), no el reciclado de las Odas Elementales de tripa llena y cómodo dogmatismo comunistoide.

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  3. "hace tiempo que los gobiernos del Reino hUndido sólo sueñan con quitar a la BBC de en medio: son la mar de incómodos, pues su charter les concede un nivel de independencia editorial inconcebible en un país como Ecuador"

    I beg to differ:

    The BBC's commitment to bias is no laughing matter

    "Andrew Marr, hardly one of the BBC's token Right-wingers, declared that the BBC "is not impartial or neutral. It's a publicly funded, urban organization with an abnormally large number of young people, ethnic minorities and gay people". It has, he added, "a liberal bias, not so much a party-political bias. It is better expressed as a cultural liberal bias." The meeting also heard that the BBC was patronizing its audiences and constrained by an intolerant version of politically correct liberalism:

    Spooks, BBC1's flagship series about impossibly right-on MI5 agents. The series was originally praised (by the BBC) for its accuracy about the real work of the Security Service. So what did it kick off with on the first episode? A pro-life extremist bomber out to cause mayhem. Come on, you must know about them! No? Well, what about episode two, which tackled the equally pressing issue of racist extremists in league with Right-wing politicians plotting mass murder of immigrants? I lost interest in Spooks, but tuned in again a few weeks ago for the start of the fifth series. It was about homegrown al-Qa'eda terrorists taking over the Saudi embassy and murdering innocent people. Except that they weren't British Muslims at all, but undercover Israeli agents. Once again, the villains are a million miles away from the ones you might expect, and top-heavy with the forces of reaction. Es decir que la BBC prefiere inventar villanos y problemas que no existen porque nunca haría un programa politicamente incorrecto que "ofenda" gays, immigrantes y musulmanes, eso va con la ideología del Estado que "quiere quitar a la BBC de en medio": Mayor of London suggests non-Muslims fast for Ramadan, but will he encourage Muslims to attend church at Easter? Probably not.

    Biased BBC

    Busting BBC Bias. Journal intended to be a modest companion to Biased BBC in laying bare the corporation's partiality

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  4. Así no, Anónimo: para rebatir un enunciado hay que traer evidencia que contradiga ese enunciado, no otro enunciado imaginario. Nunca dije, ni llegué a pensar, que la BBC no demostraba sesgo (bias): claro que lo demuestra, es más, cualquiera que haya vivido en el R. hU. sabe que para trabajar en la BBC tienes que ser una mujer joven de entre 30 y 35 años, recién divorciada, lectora asidua de The Guardian, feminista, vegetariana, devota del arroz integral y lucir sostenes de talla 38C. Eso no se discute. La cuestión es que todo y así, la BBC no funciona, como aquí los canales estatales, el Telégrafo, etc, como cheerleaders del gobierno, sino que su charter, del que deriva su modo de financiamiento y reclutamiento, le concede un grado de independencia (que no es lo mismo que ausencia de sesgo: El Universo es independiente del gobierno de Correa, pero sólo un loco intentaría argumentar que no tiene sesgo) respecto a los políticos. Esa independencia, por supuesto, no es absoluta, pero sí fue suficiente para que la BBC le causara en su día serios problemas a Blair, respecto a ese debacle sobre la tesis copiada que se usó en la ONU como justificante de la invasión de Iraq, por citar un ejemplo entre varios que se me ocurren.

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  5. Ok, Ud ha de saber mejor, por viejo, por profesor y por Británico. Que la BBC y el Gobierno compartan el mismo sesgo debe ser sólo coincidencia.

    The SAS elite special forces unit has been passing on its combat expertise to Colonel Gaddafi's soldiers for the last six months. The move, another sign of the growing relationship between the UK and the oil-rich country, has appalled military veterans who recall how Libya supplied the Provisional IRA with guns and explosives to kill British soldiers.

    Lockerbie bomber 'set free for oil' Gordon Brown’s government made the decision after discussions between Libya and BP over a multi-million-pound oil exploration deal had hit difficulties. These were resolved soon afterwards.

    LABOUR slammed the brakes on its war against violent extremism yesterday - amid fears it had upset Muslim voters. Millions spent preventing Asian kids becoming terrorists will now be used to tackle right-wing racists in WHITE areas.

    El que la BBC no hiciera eco de las noticias anteriores debe ser otra coincidencia. Por cierto que los Británicos recién salieron de Iraq este año mientras que Blair renunció hace casi tres. Gracias de todos modos por la explicación, sí entendí, no se preocupe.

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