Ser, no ser, o Krakowski
A blood-bespattered pillowcase that seemed
Badly cleaned: the mappamundi here
Tracing a continent - a puked Pangea
Of Black Peter's projection (says I screamed
My heart back and the blood out: but I dreamed
Of nothing); my groan won't reach my ear,
But peters: doctors in sheep's clothes appear.
Where now to ink a continent not so seamed?
My head floats on the breakers in the year,
A want of tottie or toilet, spiritually themed -
Of vanishing behind that linen. Fear
Cut off by drift’s ischemia, somewhere schemed
A continent apart, in mud and blurred veneer,
A thing bereft like me, only redeemed.
Primero, resulta (Google) ser Krakowska, no Krakowski. Respecto a mi excentricidad ortográfica, remito al tablón de especialidades, Frankfurt Portal Sant Roc, Terrassa, Catalunya. Respecto a la elección del tema, Coelispex, hace tiempo. Debo aclarar que, como siempre, no conozco los personajes de los que él habla, peor las ecuaciones. El tema me interesa, sin embargo, en virtud propia.
De mi único intento de suicidio, en su momento dejé constancia en el mediocre soneto que reproduzco arriba. A los que estén pensando hacer un simulacro de suicidio para llamar la atención (no fue mi caso), les recomiendo que pongan a trabajar su imaginación y busquen otra forma más original de granjear simpatía, alguna que no malgaste escasos recursos sanitarios que fueran mejor empleados en el tratamiento de males que no hayan sido caprichosamente autoinfligidos (las enfermeras encargadas de bombear tu estómago no sentirán ninguna simpatía por ti, te lo aseguro, por muy bien redactada y emotiva que sea tu carta de “despido” al mundo). A los que realmente quieran deshacerse de sí mismos, les recomiendo que planifiquen con cuidado, a fin de evitar (en la medida de lo posible) molestias y desagradables espectáculos para los que, a pesar de los pesares, porfiamos en seguir con vida. Muchos suicidios demuestran una penosa falta de consideración para con los demás. Intenta que tu cuerpo quede, eso sí, bien muerto, pero no ostentosamente desmembrado (olvídate de la caída espectacular, la bisección por rueda de tren, etcétera: si vas a volarte la cabeza, usa sábanas de plástico para no manchar el entorno): cada pedazo suelto de tu cadáver significa más trabajo para los que tengan que limpiar la escena después; la sangre mancha que no veas. Asegúrate de ser encontrado antes de que empieces a pudrirte y a desprender malos olores (debe de haber una forma de mandar mediante correo electrónico una carta de aviso con un retraso de un día o algo así, aunque no conozco qué organización podría prestar ese servicio. Pregunta en el newsgroup alt.suicide.holiday, en todo caso). Asimismo, es de buena educación dejar resuelto, si puedes, el tema gastos de entierro.
Otra cosa que hay que evitar es la chapucería. Hay muchísimos casos de gente ignorante que ingieren sustancias corrosivas y lo único que consiguen es ganarse los proverbiales two wheels and a bag. Una vez que estés en silla de ruedas y con colostomía a cuestas, ya te jodiste: casi imposible que te den otra oportunidad para terminar la obra (y eso que ya tendrás muchas más razones que antes por querer hacerlo).
Hay una película de Hitchcock, no recuerdo cuál, que demuestra lo realmente trabajoso que es, ya fuera de los convencionalismos hollywoodienses, matar a un ser humano adulto sano sin disponer de herramientas de alta especialización. (Me refiero a queriendo. Matar a alguien sin querer es asombrosamente fácil. Cómprate un carro, emplútate y verás.) En este país, lo más cómodo es conseguirse una pistola (tu agente de policía de barrio te venderá una, sin problemas), pero todavía en este caso hay posibilidad de que tu suicidio fracase aparatosamente. Haz caso a la experiencia humana acumulada a este respecto, busca en el Internet las 1001 maneras probadas que hay de dispararse en la cabeza sin quedar del todo muerto. Y recuerda que ese “no del todo” será tu primera mordedura del infierno: un infierno de ésos de verdad, y que podría seguir escenificándose, como una película de Chuck Norris, durante un tiempo que parecerá, y posiblemente sea, una eternidad.
Total, quitarse de en medio es jodidamente difícil. Por cada caso de ésos que salen en la tele, de adolescentes quiteños (no entiendo por qué siempre son quiteños) que se han autosuprimido limpiamente “por amor” (les desafío, queridos lectores, a que hallen una razón más gil por suicidarse), se supone que hay unos cuantos centenares de casos que no salen en la tele, de idiotas que por querer matarse se han quedado lisiados ya de por vida (Uno de ésos te pidió plata, ayer, en un semáforo. No le diste nada, cabrón.)
¿Por qué ha de ser tan difícil? Obvio, porque estamos diseñados para follar y engendrar hijos, y los cadáveres no follan bien (me remito a l@s expert@s, y si alguien me viene con que los ahorcados entumecen que da alegría, será de preguntarle cuándo practicó por última vez la posición del cadalso). Por este motivo, tu cuerpo ha sido diseñado para no convertirse en fiambre con demasiada facilidad. Tienes (como señala Coelispex) centenares de reflejos y de instintos a nivel más o menos automático que eviten que te transformes en comida de buitre por accidente o por simple capricho: incluyendo ese instinto, muy saludable, que hizo que Reginald Perrin se pensara mejor la idea de ahogarse en el mar una vez comprobada la frialdad del agua en las costas sureñas británicas.
Para suicidarse, ergo, mejor que tengas un motivo muy bueno. Si no, fracasarás: o caso de que lo consigas, quedarás como ironía (el boleto de lotería ganador en el bolsillo del muerto, como metáfora sí sirve: las loterías son un insulto a la aritmética simple, pero la vida no. Realmente, hay algunos que ganan. Si no, ¿qué sentido tendría esto de ser perdedor?). ¿Quieres ser una ironía? Por experiencia, no lo recomiendo.
Badly cleaned: the mappamundi here
Tracing a continent - a puked Pangea
Of Black Peter's projection (says I screamed
My heart back and the blood out: but I dreamed
Of nothing); my groan won't reach my ear,
But peters: doctors in sheep's clothes appear.
Where now to ink a continent not so seamed?
My head floats on the breakers in the year,
A want of tottie or toilet, spiritually themed -
Of vanishing behind that linen. Fear
Cut off by drift’s ischemia, somewhere schemed
A continent apart, in mud and blurred veneer,
A thing bereft like me, only redeemed.
Primero, resulta (Google) ser Krakowska, no Krakowski. Respecto a mi excentricidad ortográfica, remito al tablón de especialidades, Frankfurt Portal Sant Roc, Terrassa, Catalunya. Respecto a la elección del tema, Coelispex, hace tiempo. Debo aclarar que, como siempre, no conozco los personajes de los que él habla, peor las ecuaciones. El tema me interesa, sin embargo, en virtud propia.
De mi único intento de suicidio, en su momento dejé constancia en el mediocre soneto que reproduzco arriba. A los que estén pensando hacer un simulacro de suicidio para llamar la atención (no fue mi caso), les recomiendo que pongan a trabajar su imaginación y busquen otra forma más original de granjear simpatía, alguna que no malgaste escasos recursos sanitarios que fueran mejor empleados en el tratamiento de males que no hayan sido caprichosamente autoinfligidos (las enfermeras encargadas de bombear tu estómago no sentirán ninguna simpatía por ti, te lo aseguro, por muy bien redactada y emotiva que sea tu carta de “despido” al mundo). A los que realmente quieran deshacerse de sí mismos, les recomiendo que planifiquen con cuidado, a fin de evitar (en la medida de lo posible) molestias y desagradables espectáculos para los que, a pesar de los pesares, porfiamos en seguir con vida. Muchos suicidios demuestran una penosa falta de consideración para con los demás. Intenta que tu cuerpo quede, eso sí, bien muerto, pero no ostentosamente desmembrado (olvídate de la caída espectacular, la bisección por rueda de tren, etcétera: si vas a volarte la cabeza, usa sábanas de plástico para no manchar el entorno): cada pedazo suelto de tu cadáver significa más trabajo para los que tengan que limpiar la escena después; la sangre mancha que no veas. Asegúrate de ser encontrado antes de que empieces a pudrirte y a desprender malos olores (debe de haber una forma de mandar mediante correo electrónico una carta de aviso con un retraso de un día o algo así, aunque no conozco qué organización podría prestar ese servicio. Pregunta en el newsgroup alt.suicide.holiday, en todo caso). Asimismo, es de buena educación dejar resuelto, si puedes, el tema gastos de entierro.
Otra cosa que hay que evitar es la chapucería. Hay muchísimos casos de gente ignorante que ingieren sustancias corrosivas y lo único que consiguen es ganarse los proverbiales two wheels and a bag. Una vez que estés en silla de ruedas y con colostomía a cuestas, ya te jodiste: casi imposible que te den otra oportunidad para terminar la obra (y eso que ya tendrás muchas más razones que antes por querer hacerlo).
Hay una película de Hitchcock, no recuerdo cuál, que demuestra lo realmente trabajoso que es, ya fuera de los convencionalismos hollywoodienses, matar a un ser humano adulto sano sin disponer de herramientas de alta especialización. (Me refiero a queriendo. Matar a alguien sin querer es asombrosamente fácil. Cómprate un carro, emplútate y verás.) En este país, lo más cómodo es conseguirse una pistola (tu agente de policía de barrio te venderá una, sin problemas), pero todavía en este caso hay posibilidad de que tu suicidio fracase aparatosamente. Haz caso a la experiencia humana acumulada a este respecto, busca en el Internet las 1001 maneras probadas que hay de dispararse en la cabeza sin quedar del todo muerto. Y recuerda que ese “no del todo” será tu primera mordedura del infierno: un infierno de ésos de verdad, y que podría seguir escenificándose, como una película de Chuck Norris, durante un tiempo que parecerá, y posiblemente sea, una eternidad.
Total, quitarse de en medio es jodidamente difícil. Por cada caso de ésos que salen en la tele, de adolescentes quiteños (no entiendo por qué siempre son quiteños) que se han autosuprimido limpiamente “por amor” (les desafío, queridos lectores, a que hallen una razón más gil por suicidarse), se supone que hay unos cuantos centenares de casos que no salen en la tele, de idiotas que por querer matarse se han quedado lisiados ya de por vida (Uno de ésos te pidió plata, ayer, en un semáforo. No le diste nada, cabrón.)
¿Por qué ha de ser tan difícil? Obvio, porque estamos diseñados para follar y engendrar hijos, y los cadáveres no follan bien (me remito a l@s expert@s, y si alguien me viene con que los ahorcados entumecen que da alegría, será de preguntarle cuándo practicó por última vez la posición del cadalso). Por este motivo, tu cuerpo ha sido diseñado para no convertirse en fiambre con demasiada facilidad. Tienes (como señala Coelispex) centenares de reflejos y de instintos a nivel más o menos automático que eviten que te transformes en comida de buitre por accidente o por simple capricho: incluyendo ese instinto, muy saludable, que hizo que Reginald Perrin se pensara mejor la idea de ahogarse en el mar una vez comprobada la frialdad del agua en las costas sureñas británicas.
Para suicidarse, ergo, mejor que tengas un motivo muy bueno. Si no, fracasarás: o caso de que lo consigas, quedarás como ironía (el boleto de lotería ganador en el bolsillo del muerto, como metáfora sí sirve: las loterías son un insulto a la aritmética simple, pero la vida no. Realmente, hay algunos que ganan. Si no, ¿qué sentido tendría esto de ser perdedor?). ¿Quieres ser una ironía? Por experiencia, no lo recomiendo.
Qué gran post, Endivio.
ReplyDeleteYo he pensado que lo casi seguro es cortarse uno mismo el cuello con un hoja filada. Lo feo es que a mí eso del chorro mangueroso de sangre me da como cosas (como en esa peliculón, Caché). Lo de dispararse en la cabeza y vivir para contarlo nos dejaría al menos con la esperanza de que, de sobrevivir, acaso tu volada de sesos se compensare con el estímulo de alguna zona del cerebro otrora poco explotada, beneficiándote con algún nuevo talento o sensibilidad. Al respecto, alguna vez me contaron el caso de una fulana a la que le tuvieron que extirpar casi la mitad de su cerebro; la situación le cambió la vida, luego decía que le descubrió un gusto antes impensable por la pintura y las artes. Eso, o de pronto, quizás, trascender en los resgistros de anomalías espectaculares en materia de intentonas de suicidio, como fue el caso de este señor de Oregon. Let's not count on that though.
Siempre me ha intrigado este asunto del suicidio. Con excepción de una, no tengo ninguna otra razón para auto eliminarme. Esa razón me la reservo, por superticioso temor a que se cumpla.
ReplyDeleteNo obstante, lo angustiante del suicidio es pensar como la vida de uno se pasa como una película en cortísimos segundos o fracciones de segundo, y ante tales visiones, uno se arrepienta cuando ya no hay marcha para atrás.
El que contempla el suicidio no encuentra salida a sus problemas. Le teme mas a lo que le depara el futuro que a una cómoda y drástica solución.
Existe si, el suicida lamparoso, aquel que solo "intenta" suicidarse para llamar la atención de otros, o termina suicidándose por falla de cálculos de supervivencia. Existe también el suicida infantiloide, aquel que se quiere suicidar para castigar a un tercero, para que ese tercero o cuarto sufran y se sientan culpables.
Por eso, y para evitar "second thoughts" y para que la agonía de la muerte sea fugaz, yo creo que la mejor manera de suicidarse es aquella en la que el suicida se forra de dinamita o algún explosivo de igual o mayor poder y junta todos los tacos de dinamita a un solo detonador. Hay que asegurarse de que la cabeza y el tórax estén bien rodeados de sendos cartuchos de TNT. Luego, y para evitar molestias y lástima innecesaria, lo mejor es que el suicida se vaya a algún sitio desértico en donde la onda expansiva de la explosión no cause daños a terceros y los trozos de carne reventada puedan caer libremente al suelo sin importar si se pudren, apestan o se los comen algún carroñero o los gusanos.
La muerte es instantánea y no hay dolor, pues para el rato en que uno quiera hacer conciencia del estímulo doloroso que podría implicar la detonación, ya el cerebro no existe y por ende, no hay dolor. Tan-tan.
Hablando de muertes instantáneas, me pareció curioso el dato que me daba un físico americano, según me dijo, la velocidad de la onda expansiva de una explosión atómica es tal, que cuando te toca, estarás carbonizado antes de que tus nervios le comuniquen a tu cerebro que te quemas, quedarás reducido a cenizas y ni siquiera te habrás enterado. Claro que esa solución sería un poco costosa y difícil de llevar acabo pero ahí está.
ReplyDeletePor otro lado, debe ser terrible fallar en el intento, pero lo que le paso a este sujeto en California es como para Ripley; No se si lo leyeron, pero el tipo decidió matarse cruzando su auto en frente de las rieles del tren, se “arrepintió” a último minuto pero su auto no arrancó, el tipo se bajó del auto, el resultado:
11 Cadenas Perpetuas
Saludos
F.R.